Todos sabemos dentro de nosotros la condición que llevan nuestros cuerpos, todos sabemos de manera consciente o inconsciente, que en cierto punto de nuestra vida, moriremos y ese es un suceso inevitable.
Entonces, ¿Por qué vivir si sabemos que vamos a morir? Todos nosotros tenemos el mismo destino, pero el camino que tomamos para llegar a él no es el mismo, puede ser más difícil, más fácil o simplemente diferente.
Les diré, como muchas personas, he temido a la muerte y a la incertidumbre que le acompaña, pero la vida está llena de mensajes escondidos entre el ruido, mensajes que nos ponen en perspectiva y en cierto punto nos vemos a nosotros mismos, caminando a ciegas por un camino lleno de dudas; pero ahora no le temo a la muerte, no tanto como a vivir una vida entre el silencio o vivir ensordecido en el egoísmo y en el miedo que este conlleva, pues he atravesado situaciones que de haber expresado lo que yo pensaba y sentía acerca de ello, hubieran hecho la diferencia o bien, solapado la propia decepción.
La mayoría de nosotros, buscamos ser parte de un entorno social y al mismo tiempo buscamos ser diferentes, ser nosotros mismos o simplemente tememos a mostrar quienes somos, por miedo al rechazo, pues es cierto, somos adictos a la aprobación de los otros, pero si permanecemos escondidos en el anonimato y el silencio, ocultando nuestra verdadera personalidad, con miedo a represalias, ¿Qué somos? Una palabra al viento que pasara desapercibida entre nosotros, prácticamente una persona que no existió ni trascendió, sin algún propósito, como muerta aun antes de vivir, esa es la vida que temo, una existencia sin significado, tan vacía como una mentira. Ahora sé que moriré, pero yo tengo mi propia solución a esta situación, quiero plasmar y expresar lo que siento en otras personas, una sociedad, en un lugar, en un momento, si logro vivir tal cual, bien moriré en cuerpo pero seré inmortal en el recuerdo y se hablara de mi no como un rumor, si no como un hecho contundente de mi existencia.
Todos tenemos esa libertad para expresarnos, pero escuchen bien, la gente es muy educada para hablar con la boca llena, pero no le importa hablar con la cabeza vacía. Hablar por hablar es igual que el ruido o el silencio, son balbuceos, expresémonos auténticamente, digamos lo que nosotros queremos decir, no lo que los otros quieran escuchar, son aquellas personas que abandonaron la idea de la aceptación y el prejuicio quien ahora nosotros admiramos, por que se atrevieron a hacer lo que tal vez es una de las cosas más difíciles aun, ser nosotros, eso que pensamos, eso que sentimos, eso nos hace en realidad quienes somos, es cierto el camino de la sinceridad tiene muchos tropiezos, es atacado por la intolerancia en muchos casos, pero eso no es otra cosa que nuestra culpa, si queremos comunicar, también tenemos que aprender a escuchar y no solo hablo literalmente, debemos escuchar lo que nuestros ojos ven, lo que nuestro cuerpo siente, aquello que vivimos pues todo lugar, persona, cosa o momento tiene algo escrito entre líneas que tal vez es aquella palabra que completa el significado de nuestro ser, seamos libres de escuchar y hablar a nosotros mismos y a los otros, busquemos nuestra propia expresión sin buscar la satisfacción y no vivamos en el silencio, porque ya hemos atravesado un abismo de silencio que ha dejado sin corazón a muchas generaciones, insultemos de frente la injusticia, dibujemos y cantemos nuestra felicidad y tristeza, digamos a esa persona que la queremos o necesitamos, porque después de la muerte, no espera un silencio que no dejara espacio a nuestra persona y nos comerá en el remordimiento, yo quiero vivir una de libertad y expresión que provoque un cambio significativo tanto mi como en otros donde mi nombre resuene fuerte aun después en el eco de la muerte.
